A pesar de la crisis, los proyectos e inversiones en energía siguen. La urgencia por modernizar la matriz eléctrica, el desarrollo de energías alternativas y financiamiento de largo plazo empujarán la infra energética de la región en los próximos dos años.

Dubes Sônego y Sergio Spagnuolo, São Paulo

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De polo turístico a fábrica de turbinas eólicas. Esa es la transformación que podría tener el pequeño municipio brasileño de Caucaia. En la costa norte de Brasil, la ciudad-balneario fue elegida por la empresa india Suzlon para construir una fábrica de aspas y otros componentes de generadores eólicos de US$ 30 millones. Aunque la firma ya compró un predio de 200.000 metros cuadrados para concretarlo, el proyecto aún espera luz verde. “Esperamos ver señales de carácter regulatorio y de mercado que nos permitan concretar el proyecto”, dice Mauricio Araújo, director de ventas de la compañía en Brasil, quien prevé que eso ocurrirá este año.

Más concretos son los planes de la argentina IMPSA, el grupo industrial del poderoso grupo Pescarmona. A fines de 2008, la compañía inauguró una fábrica de turbinas eólicas de US$ 85 millones en el estado brasileño de Pernambuco con capacidad para construir 300 generadores al año de 1,2 a 2 Mega Watts (MW). “Es la mayor fábrica de generadores que hoy existe en América Latina”, dice Luis Pescarmona, uno de los directores del grupo y el ejecutivo a cargo de desarrollar el negocio eólico a través de Impsa Wind, y quien se mudó a vivir a Brasil para supervisar este y otros proyectos eólicos en Brasil.



La construcción de fábricas de turbinas eólicas en América Latina es resultado de una tendencia interesante: a pesar de la crisis financiera global, la región seguirá inaugurando proyectos energéticos en los próximos años. Gracias a la preexistencia de contratos de financiamiento de largo plazo y la urgencia en modernizar la matriz eléctrica de la región seguirá impulsando la construcción de proyectos energéticos, ya sean térmicos, hidroeléctricos y eólicos.


“Las inversiones siguen, tanto para mejorar la matriz energética como para racionalizar la producción existente”, dice Nelson Wilson, socio de la consultora Everis Brasil, especializado en el área. No descarta la postergación de uno u otro proyecto, pero enfatiza que, por ahora, no es lo que se observa en el mercado de energía latinoamericano.

“Los financiamientos para el sector normalmente ya fueron concedidos con tantas garantías que no se sentirá de forma tan intensa la restricción de crédito”, dice Ivo Pugnaloni, Director de la consultora Enercons, también en Sao Paulo. “La energía es un insumo esencial. Aunque nadie está blindado contra la crisis, sería un contra sentido dejar de invertir en un sector que tiene una demanda cautiva”. A esta fortaleza del financiamiento energético hay que sumar el esfuerzo estatal que se está haciendo especialmente en Brasil, México, Colombia, Perú y Chile por incluir desarrollos de proyectos energéticos entre sus prioridades de inversiones para combatr la crisis.


Los grandes proyectos térmicos e hidroeléctricos seguirán llevándose la mayor parte de los recursos disponibles, aunque estos también alcanzarán para sectores como la mencionada energía eólica, las pequeñas plantas hidroeléctricas y las plantas de biomasa. Además, entrará en operaciones nuevas plantas de licuefacción y regasificación de gas natural y una consolidación entre actores pequeños y medianos del sector petrolero.


Despegue eólico. Uno de los sectores que mostrar más dinamismo en 2009 para América Latina será justamente el eólico. Hasta el momento, los 769 MW de potencia instalada en la región representan menos del 0,5% global. Pero si las proyecciones de crecimiento que tiene la Asociación Latinoamericana de Energía Eólica (Lawea, por sus siglas en inglés), en 2009 deberían sumarse más de 1.200 MW y otros 1.000 MW en 2010. Considerando que las inversiones en la industria eólica están torno de los US$ 2 millones por cada MW construido, la inversión totalizaría unos US$ 2.400 millones en este bienio. “La energía eólica en la región está madurando gracias a la inestabilidad en el suministro de combustibles fósiles, algunos marcos regulatorios que incentivan a esta energía renovable y del gran potencial de la región”, dice Mauricio Trujillo, director ejecutivo de Lawea, desde sus oficinas centrales en México.

Los países que más crecen son Uruguay y Nicaragua, que de casi cero, pasan a varias decenas de MW de potencia instalada. También hay crecimiento en Chile donde el sector se está poniendo al día. Aunque tiene una legsilación avanzada, aún no se han concretado grandes proyectos eólicos. La cosa podría cambiar con el anuncio de Codelco, la minera estatal chilena, de llamar a una licitación para construir una planta eólica que genere entre 20 MW y 40 MW. México es otro que viene al alza: pasó de 88 MW en 2007 a 155 MW en 2008.


Sin embargo, la gran diversión está en Brasil pues este año se realizará por primera vez una subasta exclusiva para contratar energía eólica, lo que lleva también a la discusión de una regulación especial para este segmento. Un tema fundamental es el precio al que se venderá cada unidad de energía y la cantidad de energía eólica que el gobierno se comprometerá a adquirir. “Hay cerca de 2.400 MW en proyectos eólicos autorizados que podrían comenzar a construirse mañana mismo que están a la espera”, dice Fábio Dias, secretario ejecutivo de la Asociación Brasileña de Pequeños y Medianos Productores de Energía Eléctrica.

Es Argentina, no obstante, el país con mayor potencial eólico de toda América Latina. Si es que se analiza el Factor de parque -la proporción del tiempo al año que la turbina estaría produciendo energía gracias a la presencia de viento-, Argentina tiene zonas que están entre las más favorables de mundo. En La Patagonia, por ejemplo, hay zonas donde el factor de parque llega a 60%, una de las más altas del planeta. Dicho porcentaje duplica la media europea, y supera holgadamente las mejores áreas de Brasil y Chile, donde el rendimiento puede llegar a poco más de 45%. “En América Latina hay muchas zonas con factor de parque de 40% que es muy competitivo”, dice Pescarmona, de Impsa, empresa que tiene varios proyectos en su país de origen. No obstante su potencial, la regulación argentina no favorece nuevas inversiones. “Hoy en Argentina hay un precio artificial de la energía, lo que acaba matando iniciativas que podrían ser la solución en el futuro”, dice Oscar Schweitzer, consultor de Aros Consultoria en São Paulo.


Paquete de ventajas. Otra área que sigue al alza, es el de la energía generada por pequeñas centrales hidroeléctricas (PCH) que también viene ganando relevancia en los planes de inversión de las generadoras y grandes consumidores. Cemig, por ejemplo, una de las principales empresas energéticas de Brasil, posee 22 PCH en implementación, con potencial para generar 329 MW. Es este país también el que más concentra los proyectos de PCH las que debieran ayudar a ampliar en entre 800 MW y 1.000 MW la potencia instalada de pequeñas centrales en Brasil en 2009. “Estos emprendimientos deben significar inversiones por US$ 2.100 millones, teniéndose en cuenta el cálculo de US$ 2.000 por kW. Del total, entre 20% y 25%, cerca de US$ 560 millones, de capital propio”, dice Dias, agregando que hay otros 2.300 MW autorizados para construcción, aunque una parte tiene observaciones pendientes a resolver en la parte ambiental.

Otros países de la región, como Chile, que hoy genera poco menos del 1% de su energía a través de PCH, también presta más atención a esta alternativa gracias a una reciente ley que penalizará a las generadoras que, entre 2010 y 2014, no produzcan al menos el 5% de su energía a través de fuentes renovables. El levantamiento realizado en Chile por la Comisión Nacional de Energía (CNE) y por la Comisión Nacional de Riego (CNR), apuntó un potencial de generación de 860 MW, con la construcción de 290 centrales de entre 2 y 20 MW. Cerca de 600MW serían rentables tomando en cuenta los precios actuales de la energía. Sin embargo, el potencial total podría ser aún mayor, si se consideran algunas centrales con potencia menor a 2 MW.


Según Wilson, de Everis, el incentivo para la exploración de PCH es una tendencia también en otros países de la región, dueños de recursos hídricos, aunque desprovistos de combustibles fósiles como Costa Rica y Nicaragua.


Quemar caña. También gana espacio la generación y la cogeneración a partir de biomasa . De nuevo, Brasil es la sede principal de la acción, espacialmente gracias a los proyectos de cogeneración en la industria del etanol que busca qué hacer con las toneladas de deshechos de la caña y que no son usados en la fabricación del combustible verde. Un ejemplo es la la asociación reciente entre la productora de etanol Baldin Bioenergiay CPFL Bioenergia, empresa del grupo CPFL creada en 2008, enfocada en la cogeneración de energía sólo a partir de la quema de deshechos de caña. Baldin procesa actualmente 660.000 toneladas de caña por cosecha, volumen que CPFL Bioenergia se compromete a comprar para generar energía. “La cogeneración en la industria de etanol será inevitable, incluso para garantizar la competitividad del negocio”, dice Renata Pereira, socia directora de la consultora Saraceni Energía & Logística.
Son proyectos que se suman a los 28 ya garantizados por la subasta de energía de biomasa realizada en agosto del año pasado. Parte de los cuales están programados para entrar en funcionamiento este año, sumando 230MW al sistema. Los demás deben comenzar a operar en 2010, sumando 2.150MW a la matriz energética brasilera.

Petróleo reenfocado. Pero no es puede hablar de energía en América Latina sin referirse a los hidrocarburos, alimentador de gran parte de las centrales térmicas repartida spor la región. Los proyectos de exploración y explotación de nuevas reservas de hidrocarburos se han mantenido, aunque los analistas prevén que habrá un reenfoque. “No será como en los últimos tres o cuatro años, que hubo dinero para cualquier proyecto”, dice Guilherme Vinhas, abogado especializado en petróleo, socio de la oficina Vinhas Abogado.


Según el analista independente de Nueva York, John Forman, en Brasil, los proyectos de exploración de petróleo que van hasta el 2011 y ya estaban programados antes del descubrimiento de Pré-Sal, tienden a mantener sus cronogramas de realización. Tanto de Petrobrás como de las compañías independientes. “Pero dentro del cronograma de exploración de Pré-Sal, Petrobrás va a concentrar sus inversiones inicialmente en la costa de Espírito Santos, donde los campos están a profundidades menores y más cercanos a la costa”, dice Forman.

Mucha acción también debiera venir en México, país rico en hidrocarburos pero carente de una ley que permita las inversiones privadas en el área petrolera. Una reforma aprobada el año pasado en el sector dominado por PEMEX permitirá participación privada en ciertos proyectos.


Sin embargo, si las grandes del sector, con caja acumulada durante el lucrativo período de alta del petróleo tienden a pasar la crisis sin grandes sobresaltos, lo mismo no puede decirse de compañías pequeñas y medianas. En opinión de Forman, es posible que muchas de ellas se conviertan en blanco de adquisición de empresas más grandes, en especial aquellas que se financian en bolsas de valores y tendrán más dificultad para levantar dinero a partir de ahora. “Puede haber otra ola de fusiones y adquisiciones, como ocurrió a fines de los 90″, dice Forman.


Los países donde operan las empresas más vulnerables, en opinión de Forman son Colombia, Perú y Argentina. Se trataría de empresas jóvenes, de marca poco conocida, con acciones en bolsas extranjeras. “Este sería un buen momento para comprar. Aunque algunas grandes petrolíferas han mostrado pérdidas desde fines de 2008, tienen mucha caja acumulada”, dice Renata Pereira, de Saraceni Energia & Logistica.

Liquidez gaseosa. En el sector del gas, uno de los movimientos más significativos que se ha puesto en marcha es la construcción de plantas licuificadoras para exportación de Gas Natural Licuado (GNL) y de recepción, almacenamiento y licuificación de GNL. Hay unidades para recepción en etapa de proyecto, construcción o inicio de operaciones en Chile (Quintero y Mejillones), Brasil (Pecém, Guanabara y Rio Grande), Argentina (Bahía Blanca y Buenos Aires), Uruguay (Montevideo) y Colombia. Y, de licuificación en Perú y en Venezuela. La idealización de tales proyectos se debe, en buena parte a la inestabilidad política y de abastecimiento en la región como ha sucedido en las relaciones Bolivia-Brasil y Argentina-Chile. Con plantas licuificadoras y gasificadoras, los países consumidores y exportadores podrían negociar con una mayor gama de socios comerciales. A eso se suma la seguridad en el abastecimiento. En Chile, la llegada de gas por vía marítima permitiría la reconversión de las termoeléctricas que fueron convertidas para operar con diesel, tras la interrupción del abastecimiento desde Argentina.


Esto está dando un empuje extra a las termoeléctricas, que ya venía al alza gracias al desarrollo en países abundantes en hidrocarburos, como Perú. En el país andino, donde funcionan cuatro plantas de este tipo, entrarán en operación otras cuatro, en 2010 y 2011, casi doblando la capacidad instalada.

En Brasil, se espera que dos nuevas centrales entren en operación en 2011, y otras cuatro en 2013, además de la unidad de Petrobrás en Cubatão, de 400 MW, prevista para el cierre de este año. “Es un segmento que atrae tanto a inversionistas tradicionales como Vale, Gerdau, Votorantim y Odebrecht, como a grandes grupos internacionales, como EDF y EDP”, dice Marcos Tavares, socio director de la consultora Gas Energy.

Solamente en Brasil, calcula que se invertirán anualmente cerca de US$ 1.500 millones en la contrucción de termoeléctricas a gas.

La fuerza de los rìos. Pero el gran impulso en generación continuará siendo dado por el desarrollo de grandes centrales hidroeléctricas. Según Wilson, de Everis Brasil, es porque no hay mucha escapatoria.

A pesar de la reciente resistencia de diversos sectores de la sociedad a los grandes proyectos en regiones como la Amazonía, el Sur de Chile y de Argentina, los costos por MW siguen siendo los más bajos, la tecnología es ampliamente dominada y existen recursos inexplorados en cantidades significativas. Lo que mantendrá los proyectos de este tipo en los planes de las grandes compañías internacionales con presencia en América Latina, como Endesa, AES Genes y SN Power.

Dos proyectos que se destacan a nivel regional, según el consultor, son los proyectos del complejo hidroeléctrico Rio Madeira, con centrales en Brasil y Bolivia, que costará cerca de US$ 20.000 millones -los decretos de entrega de las concesiones de líneas de transmisión, que costarán R$ 7.200 millones, según la Empresa de Pesquisa Energética (EDP), fueron asignados a fines de febrero. Y el Complejo Trayenko, en Chile, con un costo estimado de US$ 1.000 millones.

Sin embargo, existe una serie de otras iniciativas como el proyecto de construcción de 15 centrales de la brasilera Electrobrás en suelo peruano para abastecer a Brasil, que con inversiones cercanas a US$ 8.500 millones generará entre 10.000 MW y 12.000 MW. A fines de enero, el ministro de Minas y Energía, Edson Lobao, afirmó que las negociaciones para la construcción de las cinco primeras unidades, que generarán 7.000 MW, ya están en fase adelantada y que las obras podrían comenzar en el segundo semestre. Y hay en estudio otro proyecto de acuerdo semejante, que llevaría a la construcción de dos centrales en Argentina.

Teniendo en cuenta las inmensas demandas y deficiencias energéticas de América Latina, puede aún ser demasiado poco. Pero, el escenario no es nada de malo para un período de crisis.

Fuente: AmericaEconomia




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